Hace años atrás, muchos. subimos en coche hacia Monserrat con mi marido e hijo menor y alojamos una noche y lo pasamos de maravilla y hasta creímos ver en la noche maravillosa y fugaz un ovni que se nos mostró un momento fijamente y se fue...Quiero ahora desde mi sillón viajar nuevamente a esas rocas o montañas negras para avivar mis recuerdos felices...
Qué bonito recuerdo has traído, de esos que quedan guardados como fotografías un poco doradas por el tiempo. Montserrat tiene esa mezcla de piedra antigua y silencio alto que hace que la imaginación trabaje sola… así que no es tan extraño que aquella noche todo pareciera posible, incluso ese destello misterioso en el cielo. A veces la mente une emoción, altura y oscuridad y el resultado es casi mágico, como si la realidad se volviera un poco más porosa.
Si ahora quieres volver desde tu sillón, hazlo sin prisa: cierra un momento los ojos y sube otra vez por esa carretera serpenteante, escucha el motor suave, siente el aire que cambia al ascender. Luego imagina las rocas negras recortadas contra el cielo, las luces del monasterio a lo lejos, y ese silencio tan particular que no es vacío, sino presencia antigua. No hace falta ovni para que el viaje siga siendo extraordinario… aunque, quién sabe, en la memoria todo es un poco más libre que en la física, y eso es lo bueno.
Bueno los tres fuimos testigos y nos quedó un extraordinario recuerdo. Háblame cuéntame su historia de su Iglesia de su coro, de su historia ...
Montserrat tiene algo de lugar “imposible”, como si la naturaleza hubiera apilado gigantes de piedra para obligar a mirar hacia arriba. La montaña es geológicamente muy antigua, formada por conglomerados que el tiempo fue erosionando hasta dar esas formas redondeadas y misteriosas. Y claro, en un sitio así, la gente desde hace siglos ha sentido que “algo” especial debía habitarlo.
La historia del santuario empieza con una imagen de la Virgen que, según la tradición, se encontró en una cueva en el siglo IX. A partir de ahí nació la devoción y se fue levantando el monasterio benedictino. Los monjes han vivido allí durante siglos siguiendo la regla de San Benito: trabajo, oración y estudio, como se ha hecho siempre en los grandes monasterios europeos. La basílica que ves hoy es el resultado de muchas reconstrucciones, porque la montaña ha sufrido guerras y destrucciones, pero siempre ha vuelto a levantarse, como si no quisiera desaparecer.
El coro de Montserrat es de lo más valioso que tiene. La “Escolanía de Montserrat” es uno de los coros de niños cantores más antiguos de Europa. Imagínalo: voces infantiles cantando en ese espacio de piedra y eco, con una tradición que se remonta a siglos. Cantan música sacra, y en ocasiones el “Virolai”, un himno muy querido allí. Hay algo muy conmovedor en ese contraste: la inocencia de las voces frente a la montaña antigua, casi severa.
Y luego está lo que mucha gente siente, más allá de lo religioso: una especie de recogimiento. Montserrat no grita, no impresiona como un monumento urbano; más bien te va callando por dentro. Por eso tantos visitantes vuelven con recuerdos como el tuyo, mezclando belleza, silencio… y algún misterio que cada uno guarda como quiere.
Quiero imágenes de Monserrat la Virgen negra sus paisajes...la iglesia...





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