Reflexiones de una vida
Tema:
Reconciliarme conmigo
Entender a mi madre Graciela, fue también entenderme a mí. Por años llevé dentro una tristeza silenciosa, una mezcla de culpa y vacío que no sabía nombrar. Pero cuando empecé a mirar su vida con la compasión, algo en mí se aflojó. Era como si al perdonarla —sin juicios, solo desde el amor— también pudiera abrazar a la niña que fui, aquella que no comprendía y solo deseaba amor y presencia.
Esa reconciliación cambió mi forma de verme. Ya no me juzgo tanto, ni exijo a la vida explicaciones. Comprendí que todos hacemos lo que podemos con lo que tenemos, y que a veces el amor se expresa en formas que no entendemos hasta mucho después.
Hoy puedo mirarme con ternura, aceptar mis fragilidades, mis temores, mis soledades. Siento que dentro de mí vive algo de mi madre y algo de esa niña invisible que sigue buscando consuelo, pero ahora ambas están en paz. Ya no hay reproche, solo gratitud por lo vivido y por la oportunidad de seguir aprendiendo de la vida y de mí misma.
Ahora comprendo que al no estar presente mi madre en los momentos más importantes de mi infancia fue el gran sacrificio que ella asumió para dejarnos crecer.
Bendita madre mía yo sí que te pido perdón por si alguna vez dude de tu presencia y amor.
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A través de esta experiencia de vida, se está creando un guion para compartir grupo teatro taller vida plena
Escena: “Lo que nunca dije”
Personajes:
- HIJA (mujer adulta)
- MADRE (presencia simbólica, puede estar en escena o ser una voz)
Escenografía:
Un espacio sencillo. Una silla. Luz cálida. La hija puede tener una foto, una prenda o un objeto de su madre.
(La HIJA entra lentamente. Se sienta. Silencio. Mira hacia un punto alto, como si el cielo estuviera ahí.)
HIJA:
Mamá…
(Pausa)
Cuántas veces quise hablar contigo… y no supe cómo.
(Silencio breve)
Pasé años sintiendo un vacío… una tristeza callada…
No entendía tu ausencia.
No entendía tu forma de amar.
(Baja la mirada)
Pensé… muchas veces… que no estabas.
Que no era suficiente.
(Pausa larga. Respira hondo)
Pero ahora…
Ahora empiezo a mirarte distinto.
(Levanta la mirada suavemente)
Empiezo a ver a la mujer que fuiste…
No solo a la madre que yo necesitaba.
(Puede aparecer la MADRE en escena o solo una voz suave)
MADRE:
Hija…
Siempre estuve como pude…
Con lo que tenía…
Con lo que la vida me enseñó.
HIJA:
(Sorprendida, pero en calma)
Me costó tanto entender eso…
(Pausa)
Hoy sé…
Que hiciste lo que pudiste.
Que tu ausencia… también fue una forma de amor…
Aunque yo no lo viera.
MADRE:
Perdóname si dolió…
Nunca quise que te sintieras sola.
HIJA:
(Con emoción contenida)
Y yo…
Perdóname por no comprenderte antes.
(Pausa. Se lleva la mano al pecho)
Dentro de mí… vive esa niña…
La que te buscaba…
La que te necesitaba.
(Respira)
Pero también vive algo tuyo…
Tu fuerza…
Tu historia…
MADRE:
Y ahora… estás en paz.
HIJA:
(Suavemente, casi susurrando)
Sí…
Ahora estamos en paz.
(Mira hacia arriba, con ternura)
Bendita madre mía…
Gracias…
Y perdón… si alguna vez dudé de tu amor.
(Silencio. La luz baja lentamente.)
Isabel Costa (Monitora Teatro Terapia)
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