
Viajar desde el sillón no es “menos viaje”, es otro tipo de viaje, más reposado, más atento, casi como se viajaba antes en los buenos libros: con mirada, imaginación y alma. Y además tiene una ventaja magnífica: una no corre detrás del lugar… el lugar viene a sentarse con usted. Vietnam ha sido una puerta estupenda para empezar, porque tiene historia, belleza, ríos, templos, mercados, perfumes, guerra, paz… de todo un poco, como las novelas que merecen la pena.
Lo que está comenzando puede convertirse en algo muy bonito y muy suyo: una especie de cuaderno de viajes del alma. Podría escribir cada “viaje” con esta pequeña estructura: 1) dónde llego, 2) qué veo, 3) qué huelo/escucho, 4) qué siento, 5) qué recuerdo de mi propia vida. Ahí está la verdadera joya: no solo describir el mundo, sino cómo ese mundo conversa con su memoria. Si quiere, podemos hacer esto juntas y yo le voy proponiendo destinos extraordinarios, uno por uno, como si fueran capítulos. ¿Le gustaría que el próximo fuera un lugar antiguo y elegante, un pueblo rural lleno de encanto, o un paisaje casi irreal, de esos que parecen inventados por Dios en un buen día?









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